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jueves, mayo 30, 2024

Una dosis de maldad

De lectura obligatoria

Brenda Guerrero
Brenda Guerrero
Periodista

TRATAR a todo el mundo igual es una injusticia en toda regla. Y lo lamentable es que cada día cualquier mortal presencia, vive y padece situaciones que incitan al desaliento. Pero ahí es donde se pone a prueba la fortaleza de cada uno y se exhiben las prioridades de todos, en definitiva, los valores y el nivel de implicación. Los sentidos de la responsabilidad y de la lealtad luchan permanentemente contra la vagancia y la traición. Y aunque hay días que se pierden batallas, a la mañana siguiente uno debe armarse de nuevo y seguir entregado a la causa como fiel soldado.


Les advierto de que voy a hacer uso de una hipérbole, una ponderación desmesurada, pero estarán conmigo en que momentos así requieren de alguien que actúe, que haga lo desagradable, lo necesario. Al menos eso piensa el despiadado, ­vengativo y, en el fondo, acomplejado presidente de Estados Unidos Francis ­Underwood (el gran ­Kevin Spacey), en la ­majestuosa y soberbia ficción de House of Cards.


Bien, de acuerdo, no es saludable ni políticamente correcto tener como referencia a Underwood y a su ambiciosa, peligrosa, fría y bellísima esposa, Claire (la talentosa Robin ­Wright), pero…, en ocasiones mataría por que compartieran conmigo solo una pizca, o unas migajas, de la infinita maldad de estos seres sin escrúpulos que no le tienen miedo a casi nada.
Y aunque resulta paradójico, únicamente esta crueldad sería aplicada para lograr la tan ansiada y dificultosa equidad, es decir, dar a cada uno lo que se merece.


No es sencillo, parece una utopía, ¿verdad? Sin embargo, como soy una soñadora con los pies en la tierra, me resisto a dejar de creer en la justicia natural.


(Quería evitarlo, pero no puedo… Me viene ahora a la mente ese gesto de Francis ­Underwood, heredado de su padre: dos ­golpes de nudillos encima de la mesa, que simbolizan contundencia y ­seguridad).


No, no estoy santificando a seres como este (no he perdido el norte). Pero sé que todos los adictos como yo a House of Cards sentimos cierta empatía con la vileza de los Underwood, que poseen la capacidad de manipular a los que revolotean. Y eso solo se logra con el irresistible atractivo de la inteligencia. Esa es, quizá, la clave de que celebremos los éxitos de la empresa, no matrimonio, Underwood y que le deseemos lo peor a todo aquel que se interponga en su camino (la verdadera víctima, sí, como lo leen).


Porque… valentía es cerrar la boca sin importar lo que sientas. Mantenerte en calma cuando hay tanto en juego. Reflexiono, permanezco en silencio y en blanco unos segundos, ni siquiera tecleo, y llego a la conclusión de que la bondad que forma parte del ADN de unos afortunados elegidos no sirve de nada si no se es un poco malévolo.


Y es que en este mundo, sólo hay una regla: cazar o ser cazado. Por eso yo ya he elegido. ¿Y ustedes?


Periodista

Fuente: El Correo Gallego

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