Relanzamiento del Deporte Dominicano; Claves para entenderlo y desarrollarlo

Claves para entender y relanzar el Deporte Dominicano:

La República Dominicana es una de las naciones del continente americano que con mayor entusiasmo asume la práctica y la recreación deportiva. Esta labor inició en el país de manera formal con la celebración de los primeros juegos deportivos nacionales, en 1937.

Posteriormente, el régimen dictatorial que regía los destinos del país, creó la Dirección General de Educación Física Escolar, en el año 1959 mediante la Ley No.5133, y la Dirección General de Deportes, el 23 de diciembre de 1943. Por disposición también estatal, es creado el Comité Olímpico Dominicano en 1942. Diversos eventos deportivos internacionales nos fueron ubicando en el mapa del deporte continental. En 1946 obtuvimos el primer lugar del campeonato mundial de béisbol amateurs, celebrado en Managua, Capital de la hermana República de Nicaragua. Ese resonante triunfo y otros de singular importancia en baloncesto y voleibol, nos fueron convirtiendo en un espacio especial para la práctica deportiva, y sobre todo, para el intercambio deportivo con naciones hermanas.

Diversos deportistas, que desde principios de la década del cincuenta (50) hasta finales del sesenta (60) se habían integrado a la práctica constante de una o varias disciplinas, asumen también la responsabilidad de ir formando las asociaciones, clubes y federaciones de las mismas. Como todos sabemos, esas actividades eran desarrolladas a partir de los intereses políticos y sociales de quienes dirigían la terrible dictadura trujillista.

Al derribar la dictadura en mayo de 1961, el pueblo dominicano desarrolla cuantas acciones son necesarias para desvincularse de toda posición política totalizante, y dentro de estas son incluidas las instituciones deportivas. Durante ese proceso de Revisión y Readecuación que se gesta en el país de 1961 hasta 1963, cuando la Sociedad Dominicana elige democráticamente sus autoridades gubernamentales, la actividad deportiva llega de forma masiva y popular a las barriadas y ciudades de todo el país. A las acciones cotidianas de los primeros clubes y ligas se agregan las actividades culturales, mismas que llenan un gran vacío en la formación integral de los hombres y mujeres de la nación.

Como sabemos, producto del trabajo investigativo de historiadores y cronistas deportivos, desde el periodo colonial, la isla poseía centros recreativos de alta clase social, en los cuales se practicaban algunas disciplinas deportivas. Esas actividades eran implementadas, más por placer que de manera competitivas. El acceso a esos clubes de alta clase social estaba negado a las grandes mayorías sin recursos económicos ni abolengo familiar. Ese rigor social se hace más evidente en los primeros treinta (30) años del siglo veinte (XX), y se endurece cuando el déspota Rafael Leónidas Trujillo Molina, asume dictatorialmente la conducción del Estado Dominicano. Precisamente, él había sido víctima de un trato vejatorio en estos centros recreativos. Al tomar el poder de la Nación el 16 de agosto de 1930 cobra venganza del trato que había recibido en esos ambientes por los grupos que los dirigían. Hace un club a su medida y reglamenta quienes y cómo deben ingresar a él.    

Definitivamente, el primer gran momento del desarrollo deportivo dominicano se verifica durante el periodo 1963-1973. El Movimiento Clubístico, Deportivo y Cultural impulsa la práctica deportiva a todos los niveles, y a nivel nacional, aportando entrenadores y dirigentes para formar los grupos de jóvenes que integrarían las distintas disciplinas deportivas. La parte cultural también recibió la presencia de expertos directores de teatro, bailes folklóricos, poesía coreada, canto popular, música y danza moderna.

Esa masa humana empoderada políticamente de tantas actividades progresistas, motiva que hombres y mujeres con cierta experiencia en el movimiento deportivo, asuman la responsabilidad de constituir las federaciones y asociaciones por disciplinas deportivas en la ciudad capital y en el interior del país. Ese panorama, unido a la importante labor de la Dirección General de Educación Física Escolar y la Dirección General de Deportes, hicieron posible el montaje de los doce juegos Centroamericanos y del Caribe en el país, en febrero del año 1974, evento que por su trascendencia se convierte en la segunda gran ola del deporte dominicano.

República Dominicana había participado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México (1954); Venezuela (1959); Barranquilla, Colombia (1946); Guatemala (1950); Kingston, Jamaica (1962); Panamá (1970); Puerto Rico (1966), antes de que el Movimiento Social Popular de Barrios, Municipios y Provincias, asumiera en sus propias manos el desarrollo deportivo y cultural del país.

Con ese aval, el país y los dirigentes deportivos de la época solicitaron la Sede de la Décima Segunda Versión de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y la consiguieron. La organización y montaje de ese gran evento se convirtió en una fiesta nacional. La Sociedad Dominicana fue motivada por los organizadores a participar de alguna forma en la más exigente prueba que para el deporte y la dirigencia deportiva dominicana se había alcanzado. Juan Ulises García Saleta (Wiche) había logrado transformar la visión localista y superficial que sobre el deporte y la práctica deportiva tenían quienes dirigían el Estado, y en gran medida, el Pueblo Dominicano en su conjunto. De pronto nos encontramos con las instalaciones, las utilerías, los recursos económicos, pero nos faltaban los técnicos, los entrenadores y dirigentes a nivel nacional. Había que hacerlo todo al mismo tiempo para no perder la oportunidad de desarrollarnos masivamente.

Técnicos y dirigentes en diversas disciplinas fueron contratados para venir al país a formar sus homólogos nacionales. De manera inversa, enviamos nuestros más preparados y entusiastas entrenadores y técnicos a obtener la base científica de una actividad que sólo la creíamos de manera técnica y física.

Conjuntamente a esa necesaria e importante labor formativa, nuestras delegaciones individuales y de conjunto participaron en eventos regionales, continentales y mundiales, ampliando el reconocimiento y las relaciones institucionales que como nación habíamos obtenido luego de ese momento mágico de febrero de 1974.

El país deportivo pasó de ser un visitante sistemático a competencias internacionales, a uno que ya podía organizar eventos de calidad mundial en su propia tierra. Digno de recordación es el torneo de Baloncesto Superior Centrobasket setenta y cinco (75), organizado por la Federación Dominicana de Baloncesto (FEDOMBAL), la Comisión Centroamericana y del Caribe de Baloncesto (Concencaba) entre otras instituciones públicas y privadas del país. A ese esfuerzo continuaron otros de las Federaciones de Boxeo, Béisbol, Ajedrez, Atletismo y Voleibol.

La calidad de los eventos internacionales montados en el país continuó hablando bien en círculos continentales y mundiales de la dirigencia deportiva dominicana, hecho que propició la presencia de entrenadores y dirigentes en cargos de cierta importancia en organismos internacionales.

La tercera gran ola del Deporte Dominicano la establece la celebración en el país de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santiago ochenta y seis (86). La segunda ciudad en importancia de la Nación había logrado la Sede del más importante evento deportivo centroamericano y caribeño. La ciudad deportiva, edificada en la Barranquita, Santiago de los Caballeros, albergó durante 10 días los atletas, entrenadores y técnicos de naciones hermanas de todo el Caribe. Esa responsabilidad fue asumida por la familia deportiva dominicana doce (12) años después del montaje de los inolvidables doce Juegos del 1974.

Indudablemente que la celebración de Santiago ochenta y seis (86) nos encontró con altos índices de capacidad y experiencia como para montar unos juegos exitosos de calidad internacional en el interior del país. Una vez más la Sociedad Dominicana, pero de manera especial, los hijos e hijas de la hidalga ciudad de los treinta (30) caballeros, asumieron como propios los juegos, obviando dificultades circunstanciales de sus inicios. Luego de concluido ese magno evento deportivo en el interior del país, lo lamentable es que la dirigencia olímpica y el Ministerio de Deportes hayan abandonado a su suerte las instalaciones deportivas construidas para la ocasión. 

La experiencia de Santiago 86, demostraba que no sólo en la ciudad capital se podían montar eventos de trascendencia internacional. Además, abría los ojos a otras provincias y sus dirigentes para presentarse como opciones futuras de citas deportivas nacionales, continentales y mundiales.

Resulta muy importante tener presente que los juegos de febrero de 1974 trajeron consigo la creación del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte y la conversión de la Dirección General de Deportes en Secretaría de Estado de Deportes. Esta última estructura administrativa del deporte estatal a nivel nacional, consolidó el esfuerzo y sacrificio que miles de atletas, cientos de entrenadores y dirigentes habían hecho para sistematizar de manera organizada la práctica deportiva en todo el territorio nacional.

Después de esos tres (3) momentos hemos tenido la oportunidad de organizar y montar eventos internacionales en diversas disciplinas deportivas. Nuestros atletas amateurs y profesionales han alcanzado metas extraordinarias, que incluso han sobrepasado las expectativas que se han planteado nuestros dirigentes, entrenadores, gerentes y el público en sentido general.  

El crecimiento deportivo de la nación había sido tan grande desde el 1963 hasta el año 2000, que se nos confió la celebración de los Juegos Panamericanos del 2003. Ese evento de alta trascendencia continental sólo se concede a naciones altamente preparadas desde el punto de vista técnico, científico y logístico para llevar a cabo y de manera positiva, una tarea tan ardua como esa cita continental de las actividades atléticas. Las votaciones de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA) se llevaron a cabo en 1998 en la Ciudad de Panamá, obteniendo la Sede con una victoria de 31 a 20 contra la Ciudad de Guadalajara, México. Por segunda ocasión la hermana Ciudad de Panamá se había convertido en el escenario histórico donde hemos logrado los grandes eventos deportivos para el país. 

Durante 16 (del 1ro al 17 de agosto 2003) días, nos convertimos en la Nación del deporte a este lado del mundo. Nuestros atletas demostraron en diversas disciplinas su talento y capacidad. Ocupamos el lugar No.9 de 42 países participantes. Obtuvimos 41 medallas en total. De ese monto logramos 10 medallas de oro, 12 de plata y 19 de bronce. Nuestros atletas y equipos más destacados fueron la sensacional participación del astro dominicano del atletismo Félix Sánchez, y la Selección Nacional de Volibol Femenino. De esa forma obtuvimos triunfos y posiciones memorables para una nación tan pequeña y con un presupuesto tan limitado, ante países hermanos que sobresalen por su riqueza material y dimensión territorial.

Además de la sobresaliente actuación en atletismo y volibol, digno es de mencionar que otras representaciones también ofrecieron una soberbia demostración de orgullo y valentía atlética. Tanto en los Gimnasios de Levantamiento de Pesas, como en los de Boxeo, Karate y Taekwondo, dejamos marcadas las huellas de una nación que en el Centro del Caribe asume el sagrado principio de defender también sus símbolos patrios con extraordinaria gallardía en competencias atléticas.

En ese magno evento atlético obtuvimos el máximo galardón en hospitalidad, organización y respeto. Las delegaciones que nos visitaron quedaron gratamente impresionadas con las atenciones olímpicas, técnicas, administrativas y logísticas que hicieron posible cada etapa de ese cónclave continental. El Pueblo Dominicano, en su sagrada condición de máximo anfitrión de los juegos, le confirió su respaldo moral, físico y económico para garantizar su exitosa realización.

Después de los Juegos Panamericanos del 2003, el país se ha visto envuelto en el montaje de una serie de eventos deportivos importantes hasta el presente año 2022. En los nueve (9) años siguientes al montaje de los Juegos Panamericanos 2003, el Ministerio de Deportes, el Comité Olímpico Dominicano y las Federaciones Deportivas vivieron una fabulosa luna de miel. Los recursos económicos fluyeron con regularidad entre ese tríptico que tiene bajo su responsabilidad seleccionar y preparar al final de cada período olímpico, los atletas de alta competición que participarán en los distintos compromisos nacionales e internacionales que cada año son programados por los organismos olímpicos del país y del exterior.

Esa alianza estratégica de trabajo garantizó el cumplimiento de las metas planteadas en la programación del ciclo olímpico de ese tiempo. Producto de ese esfuerzo institucional el país obtuvo diversos galardones centroamericanos y caribeños, así como panamericanos y mundiales. Lamentablemente, esa dinámica labor se interrumpió durante cuatro (4) años, o sea, del 2012 al 2016. Los planes y programas correspondientes al ciclo olímpico se cayeron de manera estrepitosa, afectando sensiblemente  la participación de nuestros atletas y dirigentes en competencias internacionales. En esa etapa fueron constantes los encontronazos entre el Ministerio Deportivo y el Comité Olímpico Dominicano, debido a que las federaciones manejaban desordenadamente los recursos económicos del Pueblo Dominicano, entregados por el gobierno.

Luis Abinader, Presidente de la República Dominicana

Cronistas deportivos, dirigentes, entrenadores y aficionados a la práctica deportiva nacional, han calificado esos cuatro (4) años como la etapa perdida del desarrollo deportivo dominicano. Estoy plenamente de acuerdo con ese calificativo, pues una y otra parte prefirieron el choque frontal a la reflexión sosegada sobre los cuartos mal manejados, y la problemática deportiva nacional.

Favorablemente, la gestión que asumió (2016-2020) las nuevas funciones en el Ministerio de Estado de Deportes llegó con una visión más amplia y moderada de lo que significa la praxis deportiva en la Nación. Se acomodó al tradicional abrazo de concordia y amistad institucional con el Comité Olímpico Dominicano, pero descuidando ampliamente la gente que descubre y forma los atletas: Clubes, Ligas, Asociaciones, Uniones Deportivas Nacionales y de la Diáspora.   

Aparentemente, los nuevos ejecutivos y técnicos del Ministerio no asimilan con preocupación que más del ochenta por ciento (80%) de los hombres y mujeres que se dedican a desarrollar el deporte dominicano, no recibe paga mensual por ello. Su labor es enteramente gratuita, robándole tiempo a sus familias y centros habituales de trabajo. Su gran beneficio reside en las relaciones personales y profesionales que se cultivan dentro de la actividad deportiva, sobre todo, llenarse de satisfacción al ver los atletas formados con tantos sacrificios, obteniendo lauros extraordinarios por sus brillantes actuaciones dentro y fuera del país.

Como podemos advertir, la gran ilusión y satisfacción de un dirigente de una unión deportiva, asociación, club, liga, continúa siendo todavía disfrutar de los logros alcanzados por uno o varios de los atletas y equipos de su disciplina deportiva preferida. Hasta el momento por su dedicación y esfuerzo no puede contar con una retribución económica decente del Estado.

El siguiente gran paso del desarrollo deportivo en la República Dominicana:

El Ministerio de Estado de Deportes debe asumir dentro de su nómina mensual de pagos, el nombramiento de todo aquel ser humano dedicado desde su club, liga, asociación, uniones deportivas y de la diáspora, a la preparación física, técnica y científica de niños y jóvenes de nuestros barrios y pueblos. Claro, ese proceso requiere un estudio previo de calificaciones, una metodología de trabajo, y un mesurado diseño para la supervisión de labores.  En ese conjunto de organizaciones señaladas descansa la captación y formación de talentos deportivos del país.    

Desde el 1963 a la fecha, han transcurrido cincuenta y nueve (59) años en que la práctica deportiva se ha desarrollado bajo un mezquino criterio económico, provocando situaciones vergonzosas entre dirigentes que se sienten con derechos a utilizar de manera personal los fondos asignados a sus respectivas instituciones. Dentro de estos conviven dirigentes que se oponen a esa decisión, hecho que afecta las relaciones personales e institucionales de los mismos. En ese sentido somos partidarios de que se asignen pagos mensuales a cada ciudadano comprometido con el desarrollo deportivo del país. Tanto el Comité Olímpico Dominicano (COD), las federaciones, clubes, ligas y asociaciones, como el Ministerio de Deportes y Recreación, pueden y están en el sagrado deber de establecer una tarifa general para ello, respetando las jerarquías y los años de servicios en el área.  

Desde ese momento el Ministerio de Estado de Deportes y el Comité Olímpico Dominicano (COD) deben exigir a cada entidad deportiva para ingresarla al sistema deportivo nacional, el cumplimiento de los requisitos legales requeridos a las organizaciones sin fines de lucro. Esa estructura administrativa integrada en todas las instituciones deportivas del país, llevaría solidez y transparencia al movimiento deportivo de la nación.

Bajo ese criterio laboral tendríamos mejores atletas, dirigentes y entrenadores, con estabilidad psíquica, laboral y familiar, y se garantizaría un verdadero y rotundo impacto al desarrollo deportivo del país. Ese punto de vista lo hemos planteado a directivos del Comité Ejecutivo y miembros asociados de la Federación Dominicana de Clubes y ligas (FEDOCLUBES, Inc.) como parte fundamental de sus eventos formativos. También hemos externado nuestras consideraciones en talleres y seminarios organizados por la Unión Deportiva de la Provincia Santo Domingo (UDEPROSADO), así como en distintos clubes y ligas del país. En estos tiempos, estoy seguro que esas acciones garantizarían la estabilidad y crecimiento de la familia deportiva dominicana en los próximos años, por tanto las mismas deben ser adoptadas cuanto antes.

La conferencia que expusimos y titulamos: “Importancia de los Clubes y Ligas como parte del proceso de desarrollo del país ante un Nuevo Siglo”, recogía sentidas inquietudes de viejos y actuales dirigentes del movimiento deportivo dominicano, que no asimilaban cómo una actividad tan especial para una nación, con tantos adeptos, con sólidas instituciones, y con renombrados dirigentes, incluso, muchos de ellos, ocupando cargos en organismos internacionales, no se daban a la tarea de organizar y sincerizar los recursos económicos que deben asignarse, mediante ley o decreto, para pagar mensualmente a quien trabaja para descubrir y desarrollar los talentos deportivos de la Sociedad Dominicana.

Decíamos en la ocasión como parte de la interacción personal con los diriigentes y entrenadores presentes de esos importantes cónclaves de Fedoclubes, y de la UDEPROSADO, que como está claro y necesario que cada persona perciba un cheque por su labor en la liga de béisbol profesional, en los cubes privados del país, academias de béisbol amateurs y profesionales, cómo no puede quedar establecido ese mismo criterio en los clubes, ligas, asociaciones y federaciones que descubren y hacen los atletas que en competencias internacionales defienden los colores patrios.

Esa es una tarea urgente de ésta y cualquier gestión en el Ministerio de Estado de Deportes y Recreación, así como en el Comité Olímpico Dominicano y de todo el movimiento deportivo nacional.  Bajo ese mismo criterio se debe impulsar la participación de otras instituciones estatales entre las que destacan los Ayuntamientos, Ministerio de la Juventud, de la Mujer, y la Liga Municipal Dominicana, así como el Ministerio de Educación  Superior, Ciencia y Tecnologia, de manera que una parte significativa de su presupuesto sea destinado al fomento del deporte y la recreación.

De las instituciones señaladas, sólo los Ayuntamientos cuentan con un tímido programa de gestión deportiva, recreativa y cultural. Esa labor, que aún se nota aislada en estos y se materializa a conveniencia del alcalde de turno, debe recibir un nuevo impulso de quienes en las provincias y municipios de todo el país, hacen vida activa por y para el desarrollo deportivo de la Sociedad Dominicana. Del impulso que hablamos deben empoderarse los jóvenes, sean atletas o no, de cada pueblo frente a la clase que hace vida política en sus respectivas demarcaciones geográficas.

Me cuestiono, y estoy seguro que se cuestionan algunos de ustedes en estos momentos también, por qué incluyo Liga Municipal Dominicana, el Ministerio de la Juventud, de la Mujer, de turismo y el Ministerio de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología en el conjunto de instituciones estatales que deberían especializar cierta cantidad de sus recursos económicos anuales para el desarrollo de programas deportivos?

Son instituciones de alcance nacional y con grupos humanos debidamente focalizados en su área de influencia: juventud, crecimiento, desarrollo y en ambos sexos. En ese orden considero pertinente justificar la presencia de esas instituciones en la vida deportiva nacional, veamos.

¿Por qué debe el Ministerio de la Juventud dedicar parte de sus actividades institucionales a la Recreación y Deportes?

Nunca he entendido la ausencia de planes y programas deportivos,  recreación y cultura en el Ministerio de Estado de la Juventud. Como que es antilógico que esa dependencia estatal encargada de atender y resolver los asuntos de la Juventud Dominicana, no posea en su organigrama una estructura que lleve a cabo actividades del músculo y la mente en todo el país. Ese Ministerio debe combinar acciones en ese sentido con el Ministerio de Estado de Deportes y Recreación, Ayuntamientos, Ministerio de Cultura, Liga Municipal Dominicana, Ministerio de Turismo, Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, así como con el Ministerio de Estado de Interior y Policía y los Ministerios de Agricultura y Salud Pública.

El Ministerio de la Juventud no puede continuar siendo lo que hasta el presente ha hecho: conceder algunas becas de estudios y la premiación al mérito juvenil el 31 de enero de cada año. Su labor debe ser reorientada a una convivencia dinámica y constante con los niños y jóvenes de los más populosos sectores de las dos provincias metropolitanas y las del interior del país. Para lograr esas metas y objetivos tan relevantes, esa institución del Estado debe abordar cuanto antes el estudio, análisis y aplicación de programas que lo vinculen empáticamente con las acciones que en mayor medida atraen a la población en edad juvenil.

Los ejecutivos y técnicos del Ministerio de la Juventud deben hacer un esfuerzo extraordinario para insertarlo en el concierto de instituciones estatales con incidencia en los grandes grupos humanos de la nación. Ese equipo humano debe deponer actitudes gerenciales y propiciar el acceso a su estructura general de trabajo a propuestas que proyecten el deporte, la cultura y la recreación como ejes esenciales en su programa anual de planes y proyectos de cara a la Sociedad Dominicana.

¿Por qué debe el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología desarrollar programas y proyectos en el área del Deporte y la Recreación?

Prácticamente, su vinculación natural con todas las universidades del país, así lo demanda. Las universidades en su gran mayoría, tanto dentro como fuera del país, poseen una extraordinaria oferta deportiva como parte de los atractivos curriculares, técnicos y físicos que les permiten captar talentos de primer nivel para su Alma Mater.

Si cada universidad del país posee un departamento que se encarga de implementar de manera regular las competencias atléticas entre sus alumnos, e independientemente de ello también algunas poseen escuelas para la enseñanza científica del deporte y la recreación, porque el Ministerio de Estado que las regula y supervisa, no asume planes y proyectos que lo vinculen al desarrollo deportivo, cultural y recreativo de la Sociedad Dominicana en general, y dentro de ésta, de esa gran masa humana que pulula en las aulas universitarias del país?

Ese Ministerio puede perfectamente establecer criterios de trabajo deportivo y recreativo con las universidades, pero a su vez desarrollar estrategias en la especialidad con los Ministerios de Deporte y Recreación, con las Fuerzas Armadas, con los Ayuntamientos, con el Ministerio de turismo, con la Liga Municipal Dominicana, y con el Ministerio de la Juventud; Estoy en completa seguridad de que al consignar partidas económicas en su presupuesto general de gastos de cada año para ese objetivo tan necesario, la población dominicana recibiría un mayor y positivo impacto de las políticas públicas que deben favorecerle desde ese organismo.

Hasta el momento lo que la Sociedad Dominicana ha vivido del Ministerio de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, es un tímido programa de atención a las propuestas curriculares de las universidades del país, certificación de los mismos ante organismos nacionales e internacionales, y un dinámico programa de becas, tanto nacionales como internacionales. Esas acciones son importantes pero no trascendentes, ante la incidencia cardinal de esa institución como garante del desarrollo científico y tecnológico del Pueblo Dominicano.   

Para que la masificación deportiva con alto carácter científico y técnico se advierta públicamente en el país, el Ministerio de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología debe empezar cuanto antes a definir planes y programas que le faciliten vincularse de manera paulatina con los sectores que hacen deporte, cultura y recreación en el país.

Entiendo que su mejor acercamiento a las estructuras deportivas y recreativas de la Nación, debe hacerlo hacia el Ministerio de Estado de Deportes y Recreación, institución que impulsa de manera constante que la juventud de la nación desarrolle sus mejores y mayores actitudes atléticas, cualidades que en un por ciento considerable garantizan su acceso a programas universitarios de formación profesional. Además, porque el Ministerio Deportivo posee un departamento dedicado a la supervisión e implementación del deporte en las academias de educación superior.  

Ese esfuerzo de crecimiento colectivo debe ser empujado hacia los Ayuntamientos, el Sector Turístico, el Sector Cultural, Ministerio de la Mujer y de la Juventud, de modo que se articule una vasta integración de esfuerzos en un renglón de alta y necesaria convivencia social, que sólo deja beneficios al país.

Las competencias atléticas internacionales no sólo son trascendentes mediáticamente cuando son olímpicas. El deporte mundial posee una alta tradición de competencias atléticas desde los centros de estudios universitarios. Los aportes técnicos y científicas del mundo atlético, siempre han surgido de las aulas y los gimnasios universitarios. En este punto nos preguntamos: ¿Puede y debe la República Dominicana asumir en estos tiempos la tradicional y conveniente estructura deportiva de los países desarrollados y aquellos en vías de ese proceso, desde el Alma Mater de nuestras Universidades?

No hay etapa más importante de nuestra vida republicana que la presente para ello, pues ayudaría a consolidar nuestras estructuras deportivas y recreativas en la Juventud Dominicana, soporte extraordinario del desarrollo sostenido de la Patria.

¿Por qué debe la Liga Municipal Dominicana y los Ayuntamientos que a nivel Nacional forman parte de su estructura, incluir y desarrollar programas y proyectos en el área del Deporte y la Recreación?

Esta entidad del Estado Dominicano está presente en todos los municipios de la geografía nacional, posee personal humano, equipos, recursos económicos y materiales para desarrollar acciones que beneficien los habitantes del espacio geográfico que institucionalmente les corresponde.

Su presencia es enorme, aunque es muy tímida su incidencia en la ejecución de acciones que puedan beneficiar los grupos humanos de la población nacional. Los Ayuntamientos siempre han tenido en su estructura un departamento de deportes. La Liga Municipal Dominicana también lo ha contemplado. Esto equivale a decir que esa estructura posee en treinta y dos (32) grandes provincias del país, treinta y dos (32) mecanismos que pueden contribuir al desarrollo deportivo y recreativo de la juventud dominicana.

Lamentablemente, no existe una relación coordinada con el Comité Olímpico Dominicano y el Ministerio de Estado de Deportes y Recreación para aprovechar ese alto potencial de crecimiento sostenido para masificar y cuantificar nuestra labor deportiva y recreativa en cada Municipio del país. Tampoco hay planes y proyectos coordinados con el Ministerio de la Juventud, de la Mujer, Educación Superior, Ciencia y tecnología, Turismo, que garanticen un mejor y mayor aprovechamiento de los recursos económicos y técnicos que sus respectivos presupuestos podrían contemplar para el desarrollo de planes, programas y proyectos deportivos y recreativos en la Sociedad Dominicana, desde y hacia la infraestructura operativa de la Liga Municipal Dominicana.

La Liga Municipal Dominicana y los Ayuntamientos de todo el país deben asumir un rol más preponderante en materia de juventud, deportes, recreación y cultura. Su siempre preocupante labor de higiene comunitaria ha quedado bajo contrato en manos de empresas independientes. En ese caso su función debe ser más social, cultural, recreativa, y formativa. En esa nueva visión institucional, síndicos, regidores y ejecutivos municipales deben valorar las actividades deportivas, recreativas y culturales como un elemento fundamental dentro de su programa de gestión. Esa nueva  y urgente metodología de trabajo hacia la gente de cada municipio de la Nación, debe empezar tan pronto como cuando inicie la segunda mitad del año 2022 en curso.

Además de los treinta y dos (32) grandes municipios que como dijimos al principio forman esta estructura de trabajo social, comunitario, juvenil, debemos agregar y contemplar de manera operativa, los departamentos deportivos que poseen juntas y Distritos Municipales en todo el país. De modo que la Liga Municipal Dominicana está en el ineludible deber de revisar su política de juventud, deportes y recreación con todas sus entidades afiliadas, diseñando un plan de trabajo con una extensión de por lo menos diez (10) años. Ese periodo de tiempo haría entender a nuevos y viejos alcaldes, así como a ediles y funcionarios, la necesidad que reviste incluir de manera destacada deporte, juventud, recreación y cultura en cada una de sus instituciones.

Si esta acción municipal se articula con las juntas de vecinos, Iglesias, clubes y ligas, asociaciones regionales, uniones deportivas, patronatos, escuelas públicas y privadas, universidades, así como con los Ministerios de Deportes y Recreación, de la Juventud, de la Mujer, de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, de turismo, se estaría orquestando el más grande proceso de desarrollo deportivo dominicano, cuyo parecido sería al experimentado en el país luego de la celebración de los doce (XII) Juegos Centroamericanos y del Caribe, en febrero del año 1974.

¿Cuáles acciones debe implementar el Ministerio de la Mujer en beneficio del Sector Deportes, Juventud y Recreación?

Desde su función en fecha 11 de agosto del año 1999, el Ministerio de la Mujer no contempló y aparentemente no tiene la intención de integrar hasta el momento, a su estructura operativa planes y proyectos que vinculen esa institución del Estado con el renglón Deportes, Juventud, Recreación y Cultura. Este organismo estatal creado por y para la necesidad de atender los favorables niveles de crecimiento intelectual y laboral que estaba experimentando la alta población femenina en el país y el mundo, no ha tomado en consideración los extraordinarios logros de la Mujer Dominicana en las actividades deportivas y recreativas.

El desarrollo exponencial de la mujer en los últimos cincuenta (50) años en todas las áreas del conocimiento, sean éstos científicos, creativos y técnicos, han sido claves para garantizar el crecimiento sistemático de nuestra Nación y del mundo en sentido general. La mujer dominicana, en ese contexto de grupos sociales ha hecho aportes  y soluciones fundamentales a su círculo familiar, local y regional de vida, y continúa aportando acciones individuales y colectivas que le permiten el acceso cotidiano a sectores y áreas de incidencia estatal y privada, donde la prevalencia había estado en poder del sexo masculino.

Una de las áreas que mayor proyección personal y profesional ha dado a la mujer dominicana y del mundo, ha sido la práctica deportiva, actividad que además de su proyección, aporta múltiples beneficios a su formación física y salud personal. En el país son diversas las instituciones deportivas que se dedican a impulsar el rol de la mujer en el Sector Deportes. Indudablemente, estas necesitan ejercitarse y  recrearse sanamente, y que mejor decisión para ello que la práctica constante de alguna disciplina deportiva de su especial interés.

El Ministerio de la Mujer, sus ejecutivas actuales y futuras, deben asumir una posición reflexiva sobre la institución y su incidencia en el renglón Deportes, Juventud y Recreación de la nación. Deben sus principales autoridades, deponer actitudes institucionales y buscar asesoría en el Ministerio de Deportes, de la Juventud, Cultura, de Turismo, Educación Superior, Ciencia y Tecnología, y los Ayuntamientos, de manera que impulsen un plan permanente de la mujer en materia deportiva, recreativa y cultural.

Ese Ministerio puede y debe participar a nivel nacional en todas las acciones culturales, recreativas y deportivas que organicen las instituciones estatales o privadas en pueblos y ciudades. Esa labor de interacción en esas jornadas de crecimiento colectivo, beneficiaría profundamente la población femenina, pero a su vez, el desarrollo colectivo de la Sociedad Dominicana.

Ejecutivas y técnicas del Ministerio de la Mujer deben armonizar criterios funcionales a lo interno de su programación anual, de forma que adopten planes y programas de las áreas deportivas, recreativas y culturales. Estas decisiones deben ser discutidas con los organismos con los cuales se podrían materializar de forma estable y objetivas en los segmentos poblacionales de espectro popular y con limitadas condiciones económicas, intelectuales y materiales.

Indudablemente que el programa de gestión del Ministerio de la Mujer adquiriría un perfil más proactivo y aportaría acciones fundamentales a la dinamización institucional de todo el aparato intelectual, creativo, técnico y físico de la mujer, que sería como decir a la Sociedad Dominicana en sentido general, si acoge de manera favorable y sistemática planes y programas del área deporte y recreación.  

¿Debe y puede el Ministerio de Turismo, incluir planes y proyectos deportivos en su programación de gestión anual?

Una de las instituciones estatales que en mayor medida se ha beneficiado del deporte y la recreación, es el Ministerio de Estado de Turismo. Por lo visto esa tendencia no va a cambiar, pues la oferta turística del país incluye esos dos renglones, y hasta el momento, han sido muy atractivos para los turistas que regularmente nos visitan.

El turismo dominicano posee igual que todos los centros turísticos del continente y el mundo, una atractiva infraestructura física y un personal calificado y dispuesto a prestar servicios a los clientes que temporada tras temporada, colman sus instalaciones. Esa inversión regularmente amplia, proviene del sector privado, con alguna incidencia gubernamental. Esa presencia activa y dinámica del sector privado ha facilitado la sostenibilidad y crecimiento del renglón.

En materia Deportiva y Recreativa la oferta turística nuestra la posee y promueve, pero no obedece a un plan científicamente diseñado y concebido para desarrollar actividades deportivas y recreativas para deleite de los turistas nacionales y extranjeros. Esa labor ha sido relegada a hombres y mujeres que dentro del sector turístico han realizado en alguna ocasión de su vida Deporte y Recreación. Otras veces, y es la más común en nuestros complejos turísticos, la oferta turística nuestra  promueve en mayor medida actividades recreativas y una tímida parte de actividades deportivas.

Debemos comprender además que los hoteles dominicanos y los tours operadores han entendido favorable ofrecer una oferta deportiva muy diferente a la reconocida habitualmente por la Sociedad Dominicana. Esa oferta deportiva persigue integración colectiva para deleite individual de turistas y visitantes. En esa decisión objetiva de criterios, los deportes y la recreación extrema ocupan un rol de importancia fundamental, pues para el turista que regularmente nos visita, el Caribe constituye un territorio de extraordinarias experiencias, descubrimientos ex´ticos y entretenimientos fuera del contexto comúnmente conocido.

El Ministerio de Deportes debe tratar de armonizar criterios científicos y técnicos con el Ministerio de Turismo para relanzar la oferta turística y deportiva del país, bajo una concepción moderna, que dinamice ambos sectores y enriquezca de manera permanente la oferta turística del país.

El deporte dominicano necesita del turismo, y la industria turística necesita en estos tiempos la mano amiga del deporte. Ambos sectores pueden y deben desarrollar acciones conjuntas para la actualización y capacitación del personal que de manera regular ofrece sus servicios en las instalaciones hoteleras del país.

Esta metodología daría resultados sumamente positivos al desarrollo del turismo, así como del deporte y la recreación de la nación. En este nuevo enfoque operativo, ambos Ministerios, pero de manera especial, el Ministerio de Turismo, sus ejecutivos y técnicos, deben deponer actitudes funcionales ante el Ministerio de Deportes, para que este último asesore y diseñe la propuesta deportiva y recreativa que debe ofrecer el turismo dominicano a sus clientes nacionales e internacionales.

De igual manera, la industria turística dominicana, puede facilitar al deporte y los deportistas dominicanos sus instalaciones para concentraciones atléticas, recreación esporádica y centro ocasional o permanente de trabajo para entrenadores, técnicos y deportistas de diversas disciplinas. Son espacios donde también se pueden montar competencias deportivas de alto nivel amateurs y profesional.

Sin lugar a dudas una integración institucional de esta magnitud beneficiaría el desarrollo deportivo y a su vez, la industria turística dominicana. Dirigentes, entrenadores y deportistas tendrían asegurado un espacio de labor, pero a su vez, de recreación y diversión para ellos y sus familiares. Este sería un renglón laboral que el Comité Olímpico Dominicano (COD) y el Ministerio de Deportes y Recreación podrían aprovechar para garantizarles puestos de trabajo a los atletas nacionales en condición de retiro.

De esa alianza estratégica, el turismo puede beneficiarse ampliamente, pues las estrellas del deporte dominicano, reconocidas a nivel mundial, podrían ser motivadas por el Ministerio de Deportes y la Presidencia de la República para que promuevan y proyecten la oferta turística dominicana. Nuestros atletas olímpicos y profesionales, con sus hazañas pueden contribuir a diseñar una oferta turística de mayor incidencia en las preferencias de vacacionistas extranjeros y nacionales.

¿Qué ha pasado con las uniones deportivas del país? ¿Quién ha relegado su potencial operativo en cada una de las provincias? ¿Pueden ser relanzadas en su esencia funcional para contribuir al desarrollo del deporte y la recreación?

Este mecanismo del Deporte Dominicano se activaba cada dos (2) años, sobre todo, cuando se iba a llevar a cabo alguna versión de los juegos nacionales. Posterior al desarrollo de estos eventos nacionales, las uniones deportivas de cada provincia postergaban sus actividades hasta un nuevo encuentro deportivo nacional. De manera real, su funcionamiento era más bien cíclico.

Lamentablemente, las veleidades políticas de nuestros gobiernos impedían cumplir con esa cita de la juventud dominicana en las fechas convenidas y el periplo de dos años se convertía en uno de tres o, de cuatro años. En muchos casos los Juegos Nacionales se han pospuesto hasta por seis (6) y cinco (5) años. Pobre criterio político de nuestros gobernantes y ministros. Sobre el desarrollo deportivo nacional.

Debemos confirmar entonces que el funcionamiento de las Uniones Deportivas era efímero y de muy ligera presencia en nuestras actividades y acciones deportivas nacionales, con la excepción que señalamos de los juegos nacionales. Desde mi particular punto de vista entiendo que el Comité Olímpico Dominicano y el mismo Ministerio de Deportes y Recreación, nunca se interesaron de manera real en esas estructuras deportivas. Creo que fue una visión errada de ambos organismos, pues si las Uniones Deportivas hubieran sido fortalecidas por ellos, hoy tendríamos una estructura con una amplia experiencia que exhibir en materia de capacitación técnica, organización de eventos deportivos locales y regionales, captación, desarrollo y proyección de nuevos talentos. Pero además, estas pudieron perfectamente convertirse en las estructuras deportivas locales y regionales que impulsaran  y mantuvieran activas las asociaciones deportivas por disciplinas, así como los clubes y ligas de cada provincia.

La Unión Deportiva de una provincia tiene mayor número de relación local y regional que una Federación Deportiva. Los ejecutivos principales de la Federación de una disciplina deportiva deben viajar al interior del país a desarrollar uno o varios eventos competitivos o de capacitación técnica. En cambio, la dirigencia de cada Unión Deportiva está en cierta medida comprometida con la población que practica deportes y hace recreación en sus municipios y provincias. La coordinación de cualquier jornada con esas características, sería fácil y segura a través de éstas. Esa metodología todavía luce rezagada en la estructura funcional del deporte dominicano. Al parecer los celos institucionales las han postrado, y anquilosado, perjudicando el crecimiento integral del deporte y la recreación en muchas de nuestras provincias y municipios.

Esas estructuras en pleno ejercicio laboral, contando con el respaldo institucional y logístico del Ministerio de Estado de Deportes y Recreación, del Comité Olímpico Dominicano, de la Liga Municipal Dominicana, de los Ayuntamientos locales, del Ministerio de la Juventud, hubiesen hecho y continuarían haciendo, grandes aportes al desarrollo sostenido del Deporte Dominicano.

¿Pueden ser rescatadas y relanzadas las Uniones Deportivas en estos tiempos para beneficio del Deporte Dominicano?

Perfectamente. Su labor cobra más valor y sentido en estos momentos. Con voluntad política, técnica y económica del Ministerio de Estado de Deportes, los Ayuntamientos, Liga Municipal Dominicana, Comité Olímpico Dominicano y el Ministerio de la Juventud, las Uniones Deportivas pueden realizar grandes acciones en beneficio del deporte y la juventud en todo el país, y de manera especial, en sus respectivas provincias.

Estas pueden ser el enlace permanente entre las instituciones deportivas estatales y las no-gubernamentales, ofreciendo seguimiento a la labor cotidiana de asociaciones, así como a las de los clubes y ligas de cada provincia del territorio nacional, pero además gestionando e impulsando la realización de eliminatorias, torneos regionales, torneos locales, y preparando los intercambios y competencias ocasionales entre comunidades y pueblos de sus respectivas áreas geográficas y otras cercanas a su entorno de influencia.

¿Pondrán a disposición su voluntad política los ejecutivos del Ministerio de Deportes v Recreación, v los del Comité Olímpico Dominicano, para respaldar institucionalmente la vigencia operativa de las Uniones Deportivas en estos tiempos?

La intervención del Ministerio de Deportes es vital en esta acción, pues es el organismo estatal que posee los recursos económicos para rehabilitarlas y ponerlas en pleno proceso de crecimiento. Además, es la institución estatal que posee un presupuesto anual para el desarrollo deportivo y recreativo de la nación.

Para conseguir el cambio de actitud del Ministerio en torno a estas instituciones, se requiere contar con un amplio nivel de voluntad política por quien o quienes estén al frente de la dirección estatal del Ministerio de Estado de Deportes y Recreación. Como todos los involucrados en el proceso deportivo nacional sabemos, los planes, programas y proyectos de una gestión en el Ministerio Deportivo, dependen en gran medida de cuánto puedan hacer el ministro de turno, sus asesores especiales en la materia y sus técnicos de alto nivel. Es conocido también, en el movimiento deportivo dominicano, que los ministros son nombrados en esa dependencia estatal por su relación personal y política con el principal ejecutivo de la nación, no por dominio excepcional de la especialidad y sus variables. Esa pobre realidad, se ha traducido en serias improvisaciones, provocando pérdida de tiempo y de cuantiosos recursos económicos para el deporte dominicano y el país en sentido general.

Por eso, resultad difícil equilibrar las acciones entre un ministro que entienda, valore y apoye el crecimiento de las Uniones Deportivas, y otro que denote su existencia en todos los sentidos. Esas veleidades institucionales y políticas las sufre el Deporte Dominicano cada cuatro (4) años con los cambios de gobierno o cada cierto tiempo, cuando se presenta el cambio de un ministro por otro a mitad del período gubernamental. Cada uno trae sus ideas, conceptos y criterios, que muchas veces no son los más apropiados para el desarrollo deportivo de la nación. En ese caso no son válidos los argumentos de asesores y técnicos deportivos, ni de dirigentes federados de asociaciones, de clubes, de ligas y de uniones deportivas, tampoco del Comité Olímpico Dominicano (COD). Solo cobra valor y sentido el criterio errado o positivo de quien ha sido designado en un cargo altamente especializado y técnico, como el del Ministerio de Estado de Deportes y Recreación.

El Comité Olímpico Dominicano, dado su carácter de institución no-gubernamental, se ha interesado tímidamente en fortalecer la presencia de las Uniones Deportivas como parte esencial del desarrollo del Deporte, la Cultura y la Recreación del país.

Lamentablemente, la dirigencia que se ha sucedido en la Dirección Olímpica Dominicana no las ha valorado como un activo importante para ampliar su radio de acción institucional. Ha perdido la oportunidad durante más de treinta (30) años de crear una infraestructura operativa de alto valor dirigencial, técnico y gerencial en todas las provincias del territorio nacional, constituyéndolas en organismos de base local que bien pudieran, y todavía pueden, contribuir al desarrollo deportivo del país.

Como es de conocimiento generalizado, la Dirección Olímpica Dominicana es electa y supuestamente renovada cada cuatro (4) años. Ese período de gestión en nuestro caso se ha visto prolongado en muchos dirigentes que sólo han rotado de cargo o simplemente se han quedado en el mismo durante más de un periodo de cuatro (4) años. Esa dinámica institucional de carácter altamente negativa de nuestras federaciones, del Comité ejecutivo del Comité Olímpico Dominicano (COD), de las Asociaciones, Clubes, Ligas, Uniones Deportivas nacionales y de la Diáspora, debe cambiar radicalmente y cuanto antes, mejor para el Deporte Dominicano.

¿Cuáles beneficios obtendría el Comité Olímpico Dominicano de un renovado funcionamiento de las Uniones Deportivas?

Fachada Comité Olimpico Dominicano

Yo diría que quien saldría mayormente beneficiado sería el Deporte Dominicano. Además destaco que cualquier aspecto que favorezca el Deporte y la Recreación en el país, también beneficia las instancias olímpicas dominicanas. Estos organismos estarían llamados a asumir un rol destacado en sus respectivas comunidades. Ese poder de incidencia aumentaría si recibieran públicamente el respaldo institucional de un organismo de tanta prestancia pública como el Comité Olímpico Dominicano (COD). Claro, esa incidencia pública que hasta hace unos diez (10) años poseía ese organismo en la Sociedad Dominicana, se ha visto seriamente desmejorada dada la aterradora evidencia de grandes actos de corrupción por parte de sus máximos ejecutivos y técnicos. El último de ellos corresponde al mal manejo dado a las dietas en dólares de los delegados ante los Juegos Olímpicos Tokio 2020. 

Ante esa posibilidad debemos preguntarnos: hasta qué punto la actual y cuestionada dirigencia del Comité Olímpico Dominicano estaría en disposición de deponer actitudes gerenciales, técnicas y económicas para reencausar la función de estos fabulosos mecanismos de desarrollo deportivo? Como todos sabemos, las estructuras están creadas, sólo falta la voluntad política de quienes dirigen las instituciones deportivas a ambos lados del espectro para ponerlas en funcionamiento.

La dirigencia olímpica dominicana todavía conserva un estilo ortodoxo y tradicional de manejar las acciones gerenciales y técnicas. Se advierte cierto interés por modernizar y actualizar las estructuras centrales del deporte no-gubernamental, pero no así de sus organismos de base. Ese dinamismo es ínfimo en las Federaciones y Asociaciones. Todavía la dirigencia que forma la Asamblea General del Comité Olímpico Dominicano presenta serias dificultades burocráticas para elegir sus cuadros dirigénciales. Se advierte que rigen criterios y conceptos mecánicos para renovar los cuadros directivos de las Federaciones y Asociaciones que le sirven de base. Allí no existe un reglamente nacional o internacional que norme la convivencia civilizada de quienes habitan en esas entidades. La ley de la selva parece ser su  mejor estructura legal. Las acciones conductuales de clanes y grupos tribiales parecen ser el mejor ejemplo de sus relaciones interpersonales.    

Si desean ver la realidad del Deporte Dominicano, visiten y revisen la intimidad operativa de las Federaciones que forman la estructura fundamental del Comité Olímpico Dominicano, lo que equivale a decir, el armazón, el esqueleto funcional superior  del Deporte Dominicano. En ellas existen dirigentes de dos, tres, cuatro y hasta cinco periodos de dirección. Como algo normal se quedan allí obstruyendo el crecimiento institucional de éstas por espacio de 20, 30 y 40 años. Son los llamados “imprescindibles”. O sea, no han permitido que otros promotores de sus disciplinas deportivas ocupen puestos y cargos para implementar otras ideas y proyectos. La gran mayoría de los actuales directivos de las Federaciones Deportivas se han anquilosado en los puestos ejecutivos con y sin la ayuda de algunos dirigentes del Comité Olímpico Dominicano y del Ministerio de Deportes. Lo lamentable del hecho, es que sus instituciones han hecho y continúan haciendo muy poco por el desarrollo deportivo del país. Indudablemente de esa realidad, estos consideran vital su presencia por 30 o 40 años en cargos ejecutivos u otros de mayor o menor valía.

Si las Uniones Deportivas contaran con el respaldo institucional del Comité ejecutivo del Comité Olímpico Dominicano, así como con el respaldo institucional económico y logístico del Ministerio de Estado de Deportes, harían una gran labor en beneficio del desarrollo del Deporte Dominicano. Los dirigentes de cada provincia se integrarían en mayor medida a sus planes y proyectos de trabajo, y serían un gran soporte de las Federaciones Deportivas. Claro, esta última vinculación tendrían que manejarla con sumo tacto gerencial la Dirección Ejecutiva del Comité Olímpico Dominicano (COD) y el Ministerio de Estado de Deportes y Recreación, para que fluya de manera sostenida y en abundancia. Esa relación supondría establecer democráticos procesos eleccionarios, claro manejo de las finanzas, y sostenida proyección gerencial ante la Sociedad Dominicana.

Autor: Agustín Cortés Robles

Presidente Actual de la Sociedad Deportiva Dominicana, Inc.

Pasado Presidente del Club Deportivo Cultural, organizado,

Siglo XX (CLUDECOS XX)

Pasado Presidente de la Asociación de Baloncesto del

Distrito Nacional (ABADINA)

Pasado Secretario General de la Asociación de Clubes y Ligas del

Distrito Nacional (ASOCLUDISNA)

Pasado Vocal de la Federación Dominicana de Baloncesto (FEDOMBAL)

E-mail: aguscor2001@yahoo.es

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