Autora: María Estela de León
A nivel mundial, alrededor de 840 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual por parte de sus parejas en algún momento de sus vidas, según ONU Mujeres.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, resulta imprescindible reflexionar sobre el papel que desempeñan las mujeres en la sociedad contemporánea. Esta conmemoración, además de reconocer sus aportes a lo largo de la historia y en las distintas sociedades, busca colocar en el centro del debate la discriminación, la violencia estructural y la deuda social acumulada con las mujeres.
Ser mujer en el siglo XXI implica, con frecuencia, tener que demostrar constantemente capacidades y exhibir niveles superiores de competencia para acceder a espacios y reconocimientos que, para otros, suelen darse por sentados.
Ser mujer en este siglo también demanda conciencia social y de clase. Es necesario preguntarse de cuál mujer hablamos, para visibilizar necesidades específicas y garantizar el reconocimiento efectivo de sus derechos. Nombrar las desigualdades es el primer paso para enfrentarlas.
Si bien es innegable que en las últimas décadas las mujeres han conquistado importantes espacios, persisten barreras estructurales, techos de cristal y muros invisibles que limitan su pleno desarrollo. En la República Dominicana, más de la mitad de la población continúa enfrentando condiciones de vulnerabilidad y exclusión que requieren atención urgente.
Las demandas por la igualdad salarial siguen vigentes. Han transcurrido más de cien años desde 1911, cuando obreras de fábricas textiles en Estados Unidos y Europa reclamaron igual salario por igual trabajo. En honor a esas luchas se conmemora el Día Internacional de la Mujer, y aún hoy esa demanda continúa sin satisfacerse plenamente.
Otro desafío pendiente es el reconocimiento del trabajo no remunerado que realizan las mujeres, especialmente en su rol de cuidadoras. Esta labor, fundamental para la sostenibilidad de la sociedad, continúa sin ser adecuadamente incorporada en las políticas públicas. Es urgente promover programas educativos y acciones estatales que fomenten una distribución más equitativa de las tareas domésticas y de cuidado.
La pobreza sigue afectando de manera desproporcionada a las mujeres, quienes además están más expuestas a sufrir violencia a lo largo de su vida por razones de género. Persisten discriminaciones que dificultan su plena inserción en la vida política y en los espacios de toma de decisiones. En la era de la inteligencia artificial y de los avances tecnológicos, las mujeres se encuentran entre los sectores con mayor brecha digital, lo que profundiza desigualdades y limita oportunidades.
La persistencia de un sistema patriarcal invisibiliza sus aportes y restringe el ejercicio pleno de sus libertades. Los estereotipos sociales continúan condicionando sus derechos políticos, económicos y sociales.
La violencia feminicida representa uno de los rostros más dolorosos de esta realidad. Los 1,379 feminicidios registrados en la República Dominicana en los últimos 16 años evidencian una problemática estructural vinculada a una cultura machista que aún se resiste a reconocer plenamente las libertades y los derechos de las mujeres, incluyendo su derecho a decidir y a decir no sin temor a represalias.
Gracias a las luchas de obreras, campesinas, maestras normalistas, feministas y sufragistas, hoy las mujeres pueden votar, trabajar, viajar, divorciarse, heredar, reconocer a sus hijos e hijas, representarse legalmente, ejercer sus autonomías y participar en la vida política. Esa historia está escrita con el esfuerzo, el sacrificio y la valentía de mujeres que abrieron caminos para las generaciones presentes y futuras.
“La existencia humana no admite representación” Cada mujer tiene derecho a ser protagonista de su propia historia y a vivir con dignidad, igualdad y libertad.


