¿Se convertirá Abinader en el líder único de los dominicanos?

POR: OSVALDO SANTANA

La tendencia de los hechos en la República Dominicana apunta al predominio de un fuerte liderazgo del presidente Luis Abinader, no sólo por lo que hace o pueda hacer en el ejercicio de sus funciones, sino a la luz de acontecimientos en desarrollo.

Tan fuerte posicionamiento podría incluso devenir -por la fuerza de los hechos- y por la creciente debilidad o la entrega de los otros actores, en la imposición de un “liderazgo único”, que limite las posibilidades de diversificar las opciones con vistas a la conformación del poder en el 2024.

Las fiestas de fin de año fueron una oportunidad para proyectar en forma avasalladora las acciones del gobierno, especialmente los programas en favor de los pobres. Cómo fueron distribuidos miles de millones de pesos miles de personas para que pudieran celebrar plenamente Navidades. Fue la culminación de doce meses de éxito político, que tuvieron como Caballo de Troya los sometimientos a la justicia por la corrupción vergonzante durante la administración del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) bajo el mando de Danilo Medina, y de varios funcionarios de la actual gestión, que perdieron sus puestos por sospechas de manejos dudosos de los bienes públicos.

El presidente Abinader, enfrascado en jornadas interminables, no sólo se proyectó como un gran hacedor, sino también como hombre de acción comprometido con la transparencia y como el eje clave para el retorno a la normalidad, mediante el dinamismo de la economía, la recuperación de los empleos y la superación del covid-19, propósito último que se quebró con el liberalismo populista de fin de año dentro del esquema de resultados presupuestados.

En paralelo, en la trama sociopolítica se desencaden acontecimientos que propician la tendencia impuesta por la dinámica o por la magia de la mercadotecnia política.

EL TRANSFUGUISMO EN CIERNE

Desde finales del año pasado se observa cómo elementos del sistema político empiezan a transfundirse desde sus litorales hacia el oficialismo. Predominan elegidos en las boletas del PLD o de la Fuerza del Pueblo y partidos pequeños que fueron aliados del pasado gobierno o de este último grupo en las pasadas elecciones. Son pequeñas agrupaciones que se mueven en atención a las conveniencias coyunturales.

En paralelo, los elementos más activos de la llamada sociedad civil pasaron en paquete al gobierno. Probablemente lo harían con el propósito de “apoyar los procesos de transparencia” por lo que abogaron desde sus tribunas. Con ellos también corrieron periodistas defensores de la libertad y la democracia contra la “dictadura de un partido”. Actores de la Marcha Verde igual disfrutan de las mieles del poder, que en la práctica supone la ausencia de voces independientes del poder, rol que jugaron de manera espectacular frente al gobierno pasado.

¿Y LA FUERZA DEL PUEBLO?

Asimismo, la Fuerza del Pueblo, que para algunos podía significar una respuesta negadora del PLD, empieza a mostrar una suerte de estancamiento. Su silencio en algunos momentos y una línea colaboracionista con el gobierno contribuyeron a presentarla durante demasiado tiempo como un aliado del presidente Abinader.

EL PLD ATRAPADO

El PLD, el principal partido hasta 2020, si bien logró cohesionar sus estructuras inmediatamente después de las elecciones, cometió el error de elegir al expresidente Medina como su líder y presidente. En vez de marginarlo después de su desempeño errático en el proceso para la selección del candidato presidencial y conducir a su partido a la derrota, lo premiaron, y hoy, en medio de las acusaciones contra varios de sus familiares, luce no solo a la defensiva, sino totalmente arrinconado

Por más que el PLD se haya reestructurado, mantenga sus organismos nacionales de dirección cohesionados, y ciertas fidelidades, lastra el espíritu colectivo y prácticamente lo discapacita para ejercer una oposición de alguna importancia contra el gobierno y el presidente Abinader.

La derecha conservadora igual ha caído en los brazos del presidente Abinader. El sector más dinámico pasó a una línea de colaboración que la coloca más cerca del gobierno que de sus aliados de la oposición. Le basta con la “determinación” de detener el flujo de haitianos y con la persecución de la corrupción del gobierno pasado.

Guillermo Moreno y su Alianza País brillan por un silencio que no se puede atribuir a los medios convencionales de comunicación.

Es igual impresionante cómo los sindicalistas han quedado silenciados. Jugosas pensiones y algunas transacciones han sido bien útiles para su incorporación a las políticas dialogantes y consensuadas que confluyen para el clima en pro del liderazgo único nacional. No hay disensos visibles en materias clave como la seguridad social u otras reivindicaciones para los trabajadores.

EL PRM

El oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha hecho lo propio y más conveniente al propósito deseado, superando las prácticas del viejo Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Temprano dispuso el fin de la prohibición de la reelección y trabaja para la proclamación de Abinader como candidato otra vez para 2024.

Su contraparte Hipólito Mejía debe estar vencido por el tiempo, y no presentará ningún obstáculo para el establecimiento del “líder nacional”. Ya su hija Carolina Mejía, la secretaria general del PRM, proclamó su apoyo a la continuidad del presidente Abinader. Los disensos internos provienen de la misma matriz del grupo del presidente y los otros, sobre todo Ramón Alburquerque, no representan una amenaza importante para lo que parecer un designio de Nación.

Las pocas cosas que quedan de lo que insiste en llamarse oposición, como el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y que concurren a la mesa del Consejo Económico y Social (CES), de alguna forma apuntan en la dirección deseada.

No se exagera si se afirma que el país está en estos momentos a los pies del presidente Abinader, que se “desvela por los pobres”; les duplica las dádivas de los programas sociales, dialoga con todos cuando resulta conveniente dialogar, y cuando es necesario da golpes en la mesa o impone sus posiciones, como acaba de hacer con la apertura del año escolar, a la cañona, sin consensos.

El país, si todo sigue como va, se encamina a erigir a un líder único. Es la tendencia de la hora.

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